Me quedo con la sordidez de los bares después de media noche,
con el miedo de pararme de la mesa y caer sobre otro igual mí.
Recuerdo el frío arrullándome y yo apretado a la altura del cuello para no dejarlo entrar.
con el miedo de pararme de la mesa y caer sobre otro igual mí.
Recuerdo el frío arrullándome y yo apretado a la altura del cuello para no dejarlo entrar.

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